1000 Tazas de Té

Ruta sabrosona

Escrito por Rob el lunes 12 octubre 2020

Os presentamos una semana en la que nos hemos dejado llevar por nuestras papilas gustativas. Hemos intentado probar tantos platos mejicanos nuevos como nos ha sido posible, antes de adentrarnos en nuevas áreas y perder la oportunidad. La comida es algo que cambia muy rápidamente aquí. Y mientras tanto, empapándonos de las buenas intenciones y simpatía de los locales. Casi sin darnos cuenta, Sinaloa se ha mezclado con el estado de Nayarit y, hasta ahora nuestras ideas preconcebidas como el potencial de miedo a salir a la calle y la violencia derivada de las drogas de la que tanto nos habían hablado, no se han mostrado ni lo más mínimo. Lo que nos hace afianzarnos en nuestra idea de que el 99% de la población mundial son personas humildes y modestas que van a su marcha y simplemente se interesan por las caras nuevas que ven a su alrededor. Hemos continuado con nuestra nueva rutina mañanera, seguida de largos y perezosos días en los que nos dejábamos caer por los pueblos que nos pillaban de paso y pequeños paraísos escondidos a unos pasos de la autovía. Pacíficos y tranquilos pueblos, repletos de sus humildes y curiosos habitantes.

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lunes 5 octubre 2020 - Hotel MJ, Tecuala (Hotel): 56 km

Ruth con el móvil pegado a la oreja a un lado de la carretera con flores bonitas de fondo Comenzamos con otro lunes bastante normal, poniendo todo nuestro empeño para llegar lo más lejos posible hasta que el calor sólo permitiera hacer unas verduras al vapor en la sombra, y freir unos filetes al sol. En uno de estos momentos límite, llegamos a un pueblo llamado Tecuala (aparentemente el hermano mayor del pueblo en el que estuvimos el día anterior llamado Tecualilla) y nos centramos en encontrar un lugar donde pasar la noche. La primera opción la encontramos en la carretera. El lugar parecía un poco sospechoso y lo confirmamos cuando preguntamos por el precio. "Son 140 pesos por 4 horas de uso...". En realidad deberíamos habernos dado cuenta de que no era el tipo de alojamiento que buscábamos por varios detalles, como por ejemplo, las cortinas gigantes que habían en los estacionamientos individuales de coches. Seguimos nuestro camino y nada más entrar al pueblo encontramos un hotel bastante económico en el que encima nos permitían entrar a la habitación inmediatamente y además, utilizar su lavadora. ¡Más no podíamos pedir! Ruth estaba agotada por lo que me pidió que fuera a comprar la comida. Lo conseguí pero con alguna limitación, ya que me olvidé la mascarilla en casa y no podía entrar a las tiendas... Aunque conseguí hacerme con algunas cosas en puestos con ventanilla. El pueblo parecía estar compuesto por un mix de gente súper amable y otros que te miraban de una manera que te hacía pensar que les debías algo. Por ello la valoración total quedó algo indefinida, pero llegamos a la conclusión de que nos miraban con curiosidad más que otra cosa. Nos relajamos lo que quedaba de día, escribimos el blog y cocinamos quesadillas en el descansillo de la habitación del hotel.

martes 6 octubre 2020 - Hotel MJ, Tecuala (Hotel): 4 km

Ruth observando su ceviche en un restaurante con la pared roja y las bicis apoyadas contra la pared Como estábamos tan a gusto, decidimos tomarnos un día de descanso, así aprovechábamos para re-hidratarnos y darle un buen descanso a nuestros culetes. También dedicamos tiempo en llamar a casa y desearle feliz cumpleaños a mi hermana Rachel. La verdad que estuvimos muy tentados de pasar el día entero descansando en la habitación pero al final nos entró cargo de conciencia y fuimos a dar una vuelta y aprovechar para comer. Es la temporada del camarón, por lo que los encuentras absolutamente en todos lados, particularmente si estas cerca de un pueblo de costa. Nos dirigimos a una "lonchería" que se especializaba en marisco y tomamos unas tostadas de camarón y ceviche de pescado. Estaban para chuparse los dedos y además, la señora que lo regentaba nos obsequió con varios consejos. Aunque la verdad es que parecía que tenían algún tipo de rivalidad con el pueblo de al lado, ya que no hacía más que decirnos que no pasáramos por el ya que era muy peligroso, y a la vez insistiendo muchísimo para que tomáramos un atajo que nos llevaba exactamente por ese pueblo... Finalmente llegamos a la conclusión de que la mujercica no estaba muy cuerda y nos fuimos con la fiesta a otra parte (antes de que repitiera la misma frase por centésima vez). Ya con la panza llena, volvimos al hotel a grabar el podcast y a ver las telenovelas que daban en televisión. Bueno en realidad la de las telenovelas era una bonita chica que está haciendo este viaje conmigo...

miércoles 7 octubre 2020 - Rosamorada (Acampada libre): 61 km

Vistas de la tienda de la esquina a través de los arbustos en la plaza del pueblo de Zomatlán, donde encontramos unos frijoles refritos buenísimos 5 de la mañana, ¡arriba y a brillar! Para nosotros era muy buena hora para enfilar la carretera, pero no tanto así para la recepcionista que se despertó de su siesta en el sofá mientras me disponía a coger la leche de la nevera común. La pobre no se molestó mucho y después de desayunar nos encontrábamos de nuevo pasando por el motel sexy y de camino hacia Tepic, donde pensábamos llegar en un par de días. La jornada comenzó como cualquier otra mientras conducíamos por la autopista y atravesábamos varios lagos (que parecían artificiales), hasta que nos encontramos descansando debajo de un puente. Habíamos pensado acampar en una gasolinera pero parecía que teníamos que apartarnos bastante de la ruta, aunque pronto nos dimos cuenta de que había un pequeño camino de tierra justo al lado que nos llevaría hacia allí sin dar mucho rodeo. Nos adentramos al camino, entre charcos de barro que nos recibieron feroces y donde fue inevitable caer en sus garras, principalmente para Ruth, que terminó rebozándose en ellos. Creemos que ese fue el momento en el que su alforja se abrió completamente por un lado. Otra adición para la "lista de arreglos"... De todas formas, el pequeño pueblo de Zomatlán estaba ahí mismo por lo que parecía la opción perfecta para esperar hasta que el calor fuerte pasara. Allí nos encontrábamos, en la ya tan familiar plaza del pueblo, con sus bancos, su góndola en medio, la tienda, los árboles... Pero esta vez nos sorprendió un tímido burro atado a un árbol que pastaba a sus anchas. El lugar era súper tranquilo y la única persona con la que nos encontramos fue un chico de Tepic, que estaba recorriendo la zona mientras vendía tarros de miel. La verdad que resultó ser un chico encantador y nos ayudó a considerar nuestros prejuicios sobre Tepic, ya que nos habían dicho que era un lugar muy inseguro, y además nos contó parte de su vida: lo duro que es la vida en una prisión mejicana, los numerosos trabajos por los que había pasado, cómo había conseguido mantenerse alejado de la influencia de los cárteles y, por supuesto, ¡cómo le habría gustado vendernos algo de la miel que llevaba! Después de comprar algo de cada una de las tiendas que vimos en el pueblo para comer, merendar, cenar y desayunar, nos despedimos saludando a una familia que vivía en la entrada del pueblo y fuimos hacia la gasolinera. Una vez llegamos ¡nos preguntaron directamente si pensábamos quedarnos allí a pasar la noche! No tuvimos ni que preguntar. Estuvimos jugando a las cartas hasta el final de la tarde, rodeados de luciérnagas y un ambiente que sugería que habían vapores volcánicos alrededor, hasta que nos retiramos a nuestros aposentos, los cuales habíamos ubicado justo detrás de la humilde construcción que presidía el lugar.

jueves 8 octubre 2020 - El Jicote (Acampada libre): 54 km

Ruth barajando nuestra baraja de cartas en miniatura mientras tomamos unas cervezas, comemos gambas y escuchamos a los Mariachis De nuevo comenzamos el día sin muchas novedades, con las rutinarias actividades de una gasolinera al amanecer. Llegamos hasta la siguiente en el camino y ésta tenía mucha más actividad que la anterior. Estábamos bastante desesperados por hidratarnos y tomar algo fresco, por lo que paramos en el primer restaurante que vimos, y donde sorprendentemente terminamos pasando la noche. Descansamos con una limonada y continuamos con la competición a las cartas. Aquí nos empezó a sorprender la generosidad de la gente que frecuentaba el lugar. De repente, un chico que estaba en la mesa de al lado y con el que no habíamos intercambiado palabra, se acercó a nuestra mesa antes de irse y nos dio un billete de 50 pesos (unos 2 euros). Nos quedamos bastante confusos y mientras le agradecíamos y preguntábamos "por qué", sólo nos contestó que "para tomarnos alguna bebida". Aunque nos quedamos con la mosca detrás de la oreja, finalmente deducimos que simplemente valoró la cuesta que habíamos tenido que subir para llegar hasta allí y en esas temperaturas. Después de esto no pudimos resistirnos a probar las gambas a la plancha que hacían y, después de la buena olor que emanaba de las bestias que llegaron a la mesa de al lado, no nos quedaron dudas para cerrar el trato y pedir una ración. El plato que llegó era bastante generoso y una vez nos hicimos con ellas, ¡otro caballero nos ofreció invitarnos a comer! Esta vez pudimos hablar con el y explicarle que ya habíamos comido y que no se preocupara, ¡pero qué de sorpresas! Con todas estas anécdotas nos pareció un buen lugar para esperar hasta que se hiciera de noche, tomando unas bebidas mientras un grupo de Mariachis tocaban alrededor para sacarse algún dinero y la gente se ponía las botas a cerveza (considerando que para salir de allí necesitan conducir el coche, me pregunto cuántos consiguen llegar a casa sanos y salvos...). Cuando cayó la noche, encontramos un puesto de tacos y además ¡venía con historia incluida! Carlos, el dueño, nos contó mil historias de su pasado y cuánto mundo había recorrido, entre otras cosas también como soldador submarino, traficante, pasando tiempo en prisión, acostándose con numerosas jóvenes, en resumen, ganando mucho dinero en unos momentos y perdiéndolo todo en otros. Después de todo lo que nos contó y como un buen viajero, no nos resistimos mucho cuándo después de cenar se ofreció a invitarnos, lo que puso el broche final a un día donde la generosidad fue la principal protagonista. Terminamos poniendo la tienda en el restaurante que habíamos pasado la tarde y descansando, ya que al día siguiente nos esperaba una maravillosa cuesta de 1km de desnivel.

viernes 9 octubre 2020 - Trailer Park Los Pinos, Tepic (Camping): 36 km

Ruth sonriendo y disfrutando del aire fresco de las montañas en el camping de Tepic Después de mucho tiempo ansiando y temiendo este momento, allí estaba, La Cuesta. Lo que nos mantuvo a ralla para llegar hasta arriba fue, indudablemente, la perspectiva de que bajarían las temperaturas y podríamos respirar el aire fresco del que disfrutaban los habitantes de Tepic. El ascenso no fue tan duro como habíamos previsto y llegamos a buena hora, después de haber comenzado a pedalear a las 6 de la mañana y comido un buen pan de plátano casero del restaurante en el que habíamos estado. De camino nos encontramos con una pareja que nos ayudó a poner las cosas en perspectiva. Ellos eran mejicanos pero vivían entre Nevada y México y estaban viajando en coche hasta su pueblo natal, habiendo salido de Las Vegas sólo dos días antes, ¡sólo dos días! Nosotros pasamos cerca de Las Vegas hace más de 6 meses y ¡daba la sensación de que habían pasado años desde entonces! Quizás estaban presionando demasiado al coche ya que el pobre se había parado y estaban esperando a que se enfriara. Al final dimos el último empujón y conseguimos llegar a un camping que habíamos identificado en la ciudad y donde Fidel nos recibió con los brazos abiertos y nos hizo sentir como en casa. Nos enseñó los frondosos árboles que componían el maravilloso jardín y que proporcionaban una agradable y amplia sombra de la que disfrutamos mucho. Nos acordamos entonces que unos días antes el chico de Tepic que conocimos en el parque nos había hablado de los chiles rellenos así que nos encaminamos a buscar este manjar. Encontramos un modesto lugar en la esquina donde nos sirvieron este sabroso plato, que finalmente trataba de un chile verde relleno de queso fresco y coronado con una sopa muy sabrosa, mmm. Esta parte del viaje se está transformando en cicloturismo culinario, ¡turismo gastronómico en toda su esencia! Descansar lo que quedaba de día y acostarse a buena hora era lo que el médico habría recomendado después de hacer frente a semejante cuesta, por lo que le hicimos caso.

sábado 10 octubre 2020 - Trailer Park Los Pinos, Tepic (Camping): 0 km

Puesto de helados con trés niñas esperando ¡Un día libre! De hecho, el primero de dos más, ya que nos tomamos el fin de semana completo y continuamos con nuestra ruta gastronómica mejicana. Esto se convirtió en el evento del día, ya que después de descubrir que la tienda del día anterior estaba cerrada, no sabemos como pero ¡terminamos sentados en el comedor de una familia! Allí mismo cocinaban y vendían tacos caseros, enchiladas, tostadas, sopes y pozole, y aparentemente con bastante éxito porque había un constante flujo de gente entrando con sus ollas vacías, y saliendo con ellas llenas hacia su casa. Allí mismo tuvimos la oportunidad de hablar con un señor que nos contó que tenía una plantación de aguacates y que vendía toda la producción directamente a España, el mundo es un pañuelo. La mayoría de gente cogía la comida para llevar pero nosotros nos sentamos allí mismo y nos comimos una buena selección de todo lo que nos preparó. La verdad que al principio parecía algo extraño, ya que al estar rodeados de todas las fotos familiares te sientes como en casa, pero claro allí te servían, y en casa no... ¡Ojalá la vida pudiera ser siempre así! Después de andar un poco para bajar la comida, nos encontramos con un puesto de helados en la plaza ¡y no pudimos resistirnos! Además tenían una serie de sabores de lo más curioso como "cajeta", que era una especie de dulce de leche y otros más exóticos de frutas. Terminamos el día tomándonos unas cervezas y brindando por el estado de Nayarit y su sabrosa cocina.

domingo 11 octubre 2020 - Trailer Park Los Pinos, Tepic (Camping): 0 km

Un plato de menudo con tortilla Llegamos al final de la semana con un deseo pendiente... Resulta que desde que aterrizamos en México no habíamos parado de ver carteles anunciando: "Menudo el Domingo", lo cual parece ser un plato tradicional de dicho día. Hasta ahí todo correcto, el único problema era que nos encontrábamos con estos carteles todos los días de la semana ¡menos el que tenía que ser! Por ello decidimos que esto no podía continuar así. Nos fuimos pues a la caza del menudo. Tomamos un combi, que es básicamente un minibus, que nos llevó hasta el centro de la ciudad. Allí tuvimos el placer de ver la catedral mientras daban misa, paseamos por las calles colindantes y la plaza principal. También dimos un paseo por el mercado, donde encontramos el sitio perfecto para comer menudo, pero claro, como somos extranjeros y no nos enteramos de la misa la mitad, decidimos ir a tomar algo y volver un poco más tarde. No tardamos mucho pero cuando volvimos, nos dimos cuenta de que todos los puestos estaban echando el cierre, ¡qué susto! Corrimos hacia el primer sitio que vimos que aun tenía las banquetas en el suelo (el que habíamos identificado antes ya estaba completamente cerrado) y suplicamos que nos sirvieran un menudo, lo que afortunadamente hicieron encantados. La señorita que lo servía nos explicó brevemente de qué se trataba el plato: básicamente la carne eran trozos de cerdo (como los callos) en caldo y para darle un toque tenías que echarle hierbabuena, chilli en polvo, orégano y exprimir un poco de limón. Sorprendidos de que estuvieran cerrando todo, nos comentaron que la hora de comer este plato es el domingo a media mañana, así que ¡ya lo sabemos para la siguiente! Después nos recorrimos algunos de los puestos que estaban recogiendo y conseguimos comprar ingredientes para hacernos una ensalada en la casita esa noche para finalmente descansar y poner fin a esta semana de recorrido y buena comida.


Dinos tu nombre

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Bunny 10/14/2020 04:17:04 GMT Well I must say the food sounds soooo very tasty. I would give your Sunday meal a go but I can hear your father's opinion on it......! An other place where food is put in front of you is Ovington Relaxation Centre, which you will have to wait for until next year. Stay well and safe, love to you both. XX
Rob 10/14/2020 12:17:39 GMT We're looking forward to some home cooking when we're back, for sure!
Ruth 10/14/2020 12:50:51 GMT Oh Bunny... I can’t wait for the time to come and have a lovely weekend at Ovington’s relaxation centre with all of you! Still enjoying ourselves here but these little things keep us motivated to pedal further! ? xx
Sue & Rob 10/16/2020 15:43:58 GMT This isn’t just a cycle tour it’s a gastronomic adventure. I think it’s brilliant that you try anything put in front of you, you’re much braver than I am ?. It’s lovely seeing photos of Ruth although I think she was caught off guard a couple of times ?. Weather is somewhat cooler here now, probably ideal cycling weather. Take care you two. Love lots xxx
Siân 10/17/2020 08:11:55 GMT Comment to your heart's content
Siân 10/17/2020 08:15:46 GMT Ooops...I too can recommend the Ovington Tea Rooms where they don't serve trotters'n'tripe?! Xxx
Rob 10/18/2020 03:46:25 GMT You've got to try it before you say you don't like it guys!